Vivir desde el Pálpito Original

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Vivir desde el Pálpito Original

Ayer, andando por la calle, vi un grupo de cuatro mujeres latinoamericanas que sentadas en una escalera esperaban a que abriera la iglesia para pedir comida, conozco ese sitio, está cerca de mi casa. Esa escena, en ese preciso momento, movió algo dentro de mí y de repente apareció una imagen en mi cabeza en la que les daba 5€ a cada una. Acto seguido busqué en la cartera, alcancé un billete de 20€ pero pensé ‘si se lo doy para que se lo repartan igual genera más conflicto que otra cosa, porque al final igual se lo queda una, no se lo reparten y se acaban enfadando por mi causa’, y decidí desistir y seguir mi camino. Como otras muchas veces mi Impulso Inicial se había ahogado en la ciénaga de la duda y de la inacción.
Sin embargo, a los pocos metros noté que la misma imagen persistía en mi cabeza y sentí que si no lo hacía me arrepentiría más tarde, debía darle factualidad a esa Pálpito Original. Así que entré en una tienda a descambiar el billete, el cual logré partir en uno de 10€ y dos de 5€ y volví de nuevo a la iglesia. Mientras me acercaba a las mujeres me sentí algo tímido y vulnerable, no quería ofenderlas (‘¿y si en realidad no necesitan dinero, y están allí simplemente sentadas charlando como podían estar en cualquier otro sitio?’). Tampoco quería dar el dinero desde la abundancia, la arrogancia ni una presunta superioridad en algo, tampoco quería invadir el espacio íntimo que compartían.
Las mujeres me vieron acercarme y, tal vez por mi aspecto, se sorprendieron un poco, por lo cual no tuve más remedio que romper el silencio. ‘Hola, buenos días.. perdonad… ¿estáis aquí esperando la comida, verdad?’ Ellas asintieron con cierto reparo, ‘sé que no es mucho, pero sólo quería daros 5€ a cada una, ¿puedo?’, continué. ‘¿Y por qué nos quieres dar dinero?’ me replicaron con una mezcla de recelo y de sospecha ante alguna posible intención oculta por mi parte. ‘No lo sé, no soy rico… pero os he visto aquí alguna vez, y he sentido que tenía que hacerlo… lo que pasa es que me gustaría que esto no generara ningún conflicto… ya que tengo un billete de 10€ y alguien se lo debería partir con otra persona’.
Las mujeres abrieron su mirada y sonrieron dándome la bienvenida, en aquel momento sentí que confiaban genuinamente en mi presencia y mi intención. Con el gesto más humilde que pude esbozar les entregué los billetes, los cuales ellas se repartieron sin problemas, después me dieron las gracias y las bendiciones al unísono. Yo les di las gracias por permitirme tener ese gesto con ellas y me marché lo más rápido posible tratando de no hacer demasiado ruido ni de darme demasiada importancia.
Al alejarme sentí que se me humedecían los ojos, estaba llorando, no lo tapé. Me acordaba de las incontables veces que no había reunido el suficiente coraje para hacer ese tipo de cosas. Recordé la de veces que no había sido lo suficientemente valiente como para actuar desde mi Pálpito Original. Ese primer pensamiento, esa primera idea, esa mi primera intención de amabilidad y de ayuda, cuando el miedo, la vergüenza, la avaricia, la prisa y la pereza no han alcanzado aún mi conciencia en forma de duda o de justificación, para echar por tierra mi Impulso Inicial de ser más generoso y amable con la gente al rededor.
Este 2016 es el año, voy a reunir el coraje para vivir mi vida desde mi Pálpito Original. Ese Impulso Inicial compasivo, esa parte vulnerable dentro de nosotros que conecta con la parte vulnerable de la gente que necesita ayuda, y que anhela ser amable con el otro y generar conexión.