Yo soy yo, no tus proyecciones
Sufrimiento y expectativas
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Mi fin de año

psicólogo barcelona

Tantas veces lo había celebrado con la familia y los amigos, tantas veces había compartido uvas, cotillones y festejos, tantas veces había cerrado pistas de baile e incluso algún after, y una vez ya había ido de retiro espiritual. Por eso sentí que este año iba a hacer algo diferente, tenía que aprovechar mi desarrollo espiritual para tratar de elevarme un poquito más.

El 31 de diciembre por la noche cogí la guitarra y el portátil, y decidí viajar solo a la casa de la playa. Eran las 23.45 y me encerré en una habitación a oscuras, encendí una vela y me senté sobre unos cojines en posición de meditación. Programé la alarma para que sonara a las 0.15, presentí que debía despedir el viejo año y recibir el nuevo en estado de meditación. A la media hora de profundo silencio la alarma me sacó de la inmovilidad. Antes de incorporarme realicé un ejercicio para estimular la glándula pineal, y sentí un latigazo de electricidad y un hormigueo recorrer todas las células de mi ser. Un par de lágrimas de plenitud se precipitaron por mis mejillas, me sentía tan despierto y orgulloso de mí.

Me puse la capucha, cogí una lata de cerveza y salí a pasear por la playa. Eran las 0.30 del primer día del 2014 y allí estaba yo, caminando por la orilla solo y tan bien acompañado. Pocas veces me había sentido tan conectado y tan presente, tan vivo y tan agradecido. Ni un alma ni en la playa ni el paseo, sólo yo bajo la inmensidad de un cielo brillante, majestuosamente estrellado. Entonces alcé la mirada y vi la osa mayor, la osa la menor y el carro alado. La luz de un planeta verdoso chispeó frente a mí y un oleaje de sensaciones cubrió todo mi cuerpo. Sin palabras en mi cabeza recibía las enseñanzas mudas de las estrellas, no albergaba dudas dentro de mí, comprendía plenamente su mensaje.

Regresé a casa eléctrico, iluminado por la oscuridad. Volví a mi nido en la habitación, encendí de nuevo la vela, puse música de didgeridoo, y me senté en meditación. Al instante me sentí elevado y transportado, energizado y corporalmente sabio. Era todo tan suave, tan sutil. Transcurrido un tiempo, mi cuerpo se desplomó lentamente sobre la cama. Comprendí con una sonrisa que el 2014 va a ser un año lleno de serendipias y epifanías, de eurekas y de mágicas revelaciones para compartir.

Feliz año a tod@s.

Un fuerte abrazo.