Mi crítica a la Psicología

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Mi crítica a la Psicología

psicólogoA menudo cuando en el día a día le digo a alguien que trabajo de psicólogo, me confiesa que se siente juzgado en lugar de comprendido, siento que se siente condenado en lugar de escuchado. ¿Por qué créeis que la gente se siente así cuando está frente a un psicólogo? ¿Qué mal le ha hecho la Psicología a la gente?

Yo no me considero un psicólogo clásico, escolástico, académico, típico, protocolario, distante, descendiente, teórico, materialista, convencional, directivo, racional, cognitivo-conductual, cínico, biologicista, ni juicioso. Me encantaría poder llamar a la profesión que ejerzo de otra manera, siento que desde esta ocupación se ha ayudado tanto como se ha lastimado.

Siento que en esta línea de trabajo falta proceso personal, búsqueda interior y desarrollo. Siento que sobra sanar desde el título y desde el manual, desde el impulso alienante de la etiqueta fácil y desde la descendencia de la bata blanca. Se necesita poner más los pies en la tierra, arremangarse y conectar sin miedo para sentir y sintonizar con quien ha venido a verte porque confía en ti.

Considero que si la Psicología se ha separado últimamente del pueblo es en parte porque subestima y deja a un lado la espiritualidad, aquella dimensión con la que el ser humano ha convivido desde la noche de los tiempos, y que le ha reportado tanto bienestar psicológico y sentido como especie.

Además, creo que el ascenso de la montaña interior del propio psicoterapeuta es la forma más auténtica de visibilizar la montaña interior del cliente (y su itinerario a caminar más eficiente). Es cuestión de comprometerse a abrirse mental, emocional, energética y espiritualmente al cliente, de atreverse a sentirle de forma global para poder acompañarle desde la sensibilidad de la experiencia directa, desde la honestidad de su propio compromiso como ser humano consciente y sintiente.

Por último, creo que para ser un psicólogo con cierto recorrido uno debe haber estado a ambos lados del escritorio. Es decir, en algún momento uno debe haber padecido en su piel el dolor de la propia existencia, el peso asfixiante de la vida, y haberlo atravesado con cierta dignidad y garantía.

Poco a poco, avanza.

Un fuerte abrazo