Los psicólogos también tenemos problemas

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Los psicólogos también tenemos problemas

Psicólog Barcelona

La semana pasada enviaba a mis amigos por whatsapp esta foto donde aparecían mi perrita (L) y mi novia (V), bajo el título cariñoso de ‘mis dos perritas’. Curiosamente, una semana después, la imagen se ha esfumado casi por completo, ninguna de las dos están a mi lado ya. Con mucho dolor tuve que devolver a L a la perrera, la cual había pre-adoptado, ya que sufría una tremenda ansiedad por separación y por mis horarios me resultaba imposible hacerme cargo de ella de la forma más responsable que yo consideraba. Y hace unos días V y yo decidimos zanjar nuestra intensa relación tras un año y pico juntos.

En ningún momento he tratado de evitar la fina capa de tristeza que llevo dentro de mí sino que he conectado con ella para sentirla, reflexionarla y darle las gracias por sus profundas lecciones. La verdad es que guardo un gran recuerdo de L, la llevaré siempre en el corazón, y V siempre caminará a mi lado, como una gran amiga.

Todos dejamos y en un momento dado a todos nos dejan, todos tenemos problemas y los psicólogos también, como todos, aunque algunos de la vieja escuela prefieran fingir estar siempre equilibrados (o más bien ausentes emocionalmente), aparentando estar instalados en una suerte de isla más allá del bien y del mal, en aquella orilla del río soñada donde lo problemas jamás desembarcan… la máscara del marketing, al fin y al cabo.

Por mi parte, soy consciente de que mi filosofía, mi forma de filtrar la corriente de la vida, ejerce cierto grado de influencia y de motivación entre mis lectores, seguidores, alumnos, clientes y amigos (a los cuales les estoy muy agradecido). Soy consciente de que hay un número de gente que me admira y que ese sentimiento a veces puede empujar al error de creer que tengo en mi posesión la llave maestra que abre las puertas de lo humano y lo divino, y que por lo tanto, a este lado del mapa todo es un remanso de paz, sol y sonrisas.

Sin embargo, como a todos, a mí también me aparecen obstáculos a lo largo y ancho de mi camino, y es mi forma de encararlos lo que define mi carácter y cincela mi propósito, lo cual acaba marcando en el termómetro los grados exactos de mi autoestima. Sé que el equilibrio es producto del desequilibrio, el cual es a su vez motor de equilibrio y así, en constante cambio, la vida nos va empujando poco a poco hacia delante.

Confieso que en el fondo de mí me siento algo triste, aunque de alguna forma también contento, sólido y satisfecho, conmigo. Y con mi viaje.

Un abrazo.